Una comunidad indígena pequeña, en dónde el clima y la injusticia social hicieron su reducto más inexpugnable. El viento tormentoso latigando el rostro bronceado de sus habitantes; la lluvia helada e inclemente; el sol canicular incendiando el medio día con sus rayos penetrantes.

 En la cumbre de las lomas, unos indígenas contemplan el hermoso valle de Cayambe; observan la planicie llena de riqueza en donde se asientan cientos de plantaciones de flores y potreros llenos de ganado. Más acá arriba en cambio campea la pobreza, la necesidad, los rigores inclementes de una vida injusta y marginada.

Sin embargo, la gente que habita Porotog y las demás comunidades aledaneas, no se ha detenido frente al tiempo y las adversidades, simplemente lucha y se enfrenta con la vida, produce y se pone de pie, se revela y levanta su voz de protesta. Pertenecen a esa raza de hombres que ha sido capaz de soportar durante siglos, la peor de las esclavitudes e injusticias. Han vivido bajo las más serias adversidades pero han superado todas. A ellos un sentido homenaje.

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